Todos los días vemos diariamente a través de las noticias la situación
de tensión que se vive en Medio Oriente, y por medio de las redes sociales
vemos protestas que apoyan a ambos “bandos”, buscando desacreditar a su
oponente. Esta guerra viene de miles de años atrás. Abraham (cuentan los textos
antiguos), hace más de 3.500 años, recibió de parte de Yahveh la promesa de
dejar a su familia y su riqueza, porque de él nacería una nueva descendencia,
incontable como las estrellas en el cielo, como la arena del mar. Fruto de esta
decisión tomada por Abraham, nacen dos grandes pueblos, el pueblo árabe, y el
pueblo judío.
La historia cuenta que Sara, esposa de Abraham, era estéril, y por tal
razón, la promesa de su descendencia tendía a perder crédito. Sara entrega a su
esclava Agar, egipcia, para que tuviera un hijo de su esposo cuando este tenía
alrededor 86 años, de esta unión nace Ismael. Pero cuando el patriarca rondaba
los 100 años, Sara da a luz un hijo, a quien llaman Isaac. Ambos hijos reciben
la promesa de descendencia incontable y majestuosa, dando así el nacimiento de
los árabes y judíos, respectivamente.
El problema entre Israel y Palestina se remonta a lo que anterior se
resumió con gran brevedad. ¿Cuál de los dos pueblos tiene la legitimidad de
descendientes de Abraham?, ambos; ¿Cuál de los dos pueblos recibió la promesa
de parte de su Dios?, ambos. Pero esto es lo que no aceptan ninguno de los dos
pueblos, y este es el origen principal de la posición radical que se tiene. La
negación de los que a la larga son sus hermanos más antiguos, el querer
autodenominarse como el único pueblo escogido por Dios. A esto se suman muchos
más agravantes que por historia se conocen, desde persecuciones, atentados militares, y grandes disputas diplomáticas.
No quiero sentar ninguna posición, a favor o en contra de ninguno de los
dos lados. Palestina merece tanto como Israel el ser considerados como
Naciones, debe existir una mediación coherente y equitativa que permita un
equilibrio de paretto que permita a
ambos bandos vivir como lo que son, hermanos. Porque finalmente es el mismo
Dios el que sus religiones profesan, es la misma descendencia, “apuntan hacia
el mismo lado”, entonces es poco entendible la disputa radical que tienen. Hay
claras posiciones políticas que deben ser discutidas y mediadas, con fines de
paz en Medio Oriente, en donde se debe ir con una mentalidad diferente.
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